El rey león es una película animada producida por Walt Disney Facture Animation y distribuida por Walt Disney Pictures. Es la trigésima segunda película en el Canon de Walt Disney Animation y se realizó en un periodo conocido como el Renacimiento de Disney. La película se realizó bajo la dirección de Rob Minkoff y Roger Allers, el producto Don Hahn, los guiones de Irene Mecchi, Jonathan Roberts y Linda Wooldverton, y con Hans Zimmer, Elton John y Tim Rice como encargados de la banda sonora.
Es la historia de Simba, un pequeño león quien debe aprender de su padre Mufasa todo lo que debe acerca de cómo ser un buen rey, el problema está en que Simba tendrá que lidiar con las envidias familiares, que llevan al hermano de su padre, Scar a confabular un terrible plan para matar a Mufasa y a Simba, pero este cachorro escapa para comenzar una aventura con nuevos amigos, pero al final recordará quien es para recuperar su trono y salvar a toda su manada.
Simba es hijo de mufasa, el rey león. Es un cachorro que apenas está entendiendo su rol como futuro gobernante de la vida.
Cuando su padre es asesinado a manos de su tío Scar, Simba comenzará una serie de procesos individuales que le harán transitar de la negación y la evasión a la confrontación consigo mismo y con su familia, y con el que dimensionara la importancia de asumir el trono que le corresponde.
A diferencia de sus otros refritos de clásicos de clásicos animados, en esta ocasión Disney apostó por un remake shot por shot que sabe más a terquedad de demostrar hasta donde han llegado sus efectos visuales que a propuesta justificada para traer de vuelta su icónico relato.
Pero dentro de esa misma falta de visión, está es una película que funciona, pero al final solo se limita a calcar en animación fotorrealista aquello que hace 25 años ya funcionaba.
La particularidad es que Favreau se decidió por un fotorrealismo tal que los animales carecen por completo de rasgos humanizados, lo que a su vez se traduce en protagonista incapaces de contagiar las emociones que sus voces emanan y en secuencias cuyo apego a la realidad impide recrear al 100% las de las cinta de la que derivan.
Si en la película de 1994 gran parte de la carga emocional tras la muerte de mufasa recaían en el rostro temeroso y lleno de lágrimas de Simba, aquí vemos a un cachorro realista de cuya cara no salen emociones humanas. Si en la película del 94 el número musical de "yo quisiera ser el rey" era colorido y con corte carnavalesco, aquí Simba y Nala solo cantan al caminar mientras otros animales se les unen en su andar.
El realismo en el ángulo de Favreau y en ese sentido corresponde a la audiencia no asumir que recibirá el producto que ya conoce, pues está es una calca adaptada a una realidad reconocible para el espectador.
Si en el ejercicio de valoración se elimina el afán comparativo con el pasado, lo que pueda es una película de fortalezas técnicas y narrativas, una invitación a qué el ojo humano sea asombrado mientras se está en contacto con efectivas dosis de comedias y drama.
Aquellos que quieren ver la misma película de hace 25 años, saldrán desconcertados por la falta de humanización en la apariencia de los personajes y en los números musicales, pero quienes tengan la disposición de verla como película por si misma, se encontraran como una maravilla técnica y con un divertido y emotivo relato sobre familia, perdida, crecimiento y asunción.
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